martes, 29 de julio de 2014

CV'14. Día 1

Cuando mi madre me dijo que me había apuntado a un campo de trabajo no me pareció mal. Ya lo había probado el año pasado y la experiencia fue inmejorable.
El problema, o mejor dicho las dudas, llegó cuando me leí la ficha. "Recuperación de huertos sociales". Uf, huertos. Huertos significa bichos, plantas, naturaleza al fin y al cabo. Pero en vez de quedarme pensando en eso, preferí recrearme en las actividades: astronomía, orientación, alguna que otra excursión... Todo eso prometía, pensé. Qué poca idea tenía...
Ni me imaginé que, al salir de allí, las actividades y el trabajo sería lo que menos recordaría. Lo que ocuparía mi mente durante mucho tiempo sería esa segunda familia que he encontrado allí. Una familia con gente muy diferente, compuesta de 10 cabroncetes, 9 amores, 3 ejemplos a seguir y un señor que parecía Einstein, y que se preocupó de nosotros como si de sus hijos se tratase.
El primero día fue raro, había que conocerse, tantearse un poco... Iba preparada para lo peor. Son del norte, pensaba, van a ser raros de cojones, me van a mirar mal por no acabar las palabras, por hablar más rápido, por ser del sur en definitiva. Cómo me equivocaba. Es cierto que al llegar, todas las chicas empezaron a preguntarme de todo, me convertí en el centro de atención sin buscarlo, con la poca gracia que me hace eso. Pero la cosa fue bien, eran chicas majas. Aunque no podía decir lo mismo de los chicos. Tenían todos una pinta de canis increíble, no veía cómo estos iban a acabar siendo mis amigos. De ninguna manera, vamos. Otro error, para variar.
Lo más divertido fue la comida. Nada más llegar, judías verdes, qué bien. Supongo que fue una especie de aviso con el fin de prepararnos para lo que estaba por venir. Después de comer los monitores nos mandaron como quién no quiere la cosa a la piscina. ¡Ala, id a conoceros! Aquello parecía un funeral. Todos callados, algunos chicos incluso se bañaron, a pesar del frío mortal que hacía (ay, el norte). Pero esto cambió un poco cuando llegaron los cántabros. Él, lo primero que dijo al sentarse fue: que yo no soy gay, eh!! No tengo muy claro aún qué le llevó a esa temprana declaración de principios. Ella animó un poco el panorama con comentarios un tanto cortantes hacia el no-gay declarado. De repente se acercó el señor del bigote a preguntarnos que si había llegado ya "la vegetariana", que tenía muchas ganas de conocerla. Todos nos miramos un poco sorprendidos, tanto por la pregunta como por el hecho de que a una vegetariana se le hubiera ocurrido la genial idea de venir a comer aquí, con ese maravilloso catering que acabábamos de descubrir. Pero no, la vegetariana no había llegado aún. Hizo su aparición una media hora más tarde, muy diva ella con sus gafas de sol y sus converse negras. Parecía que el grupo se iba cerrando, ya sólo faltaban las murcianas.
Fuimos a dar un paseo, y pronto me di cuenta de que la vegetariana tenía algo especial, y que probablemente me iba a llevar muy bien con ella. Cuando descubrió que había olvidado el saco en el coche, no nos quedó otra que llevarnos bien, porque íbamos a compartir saco por unos días. Cómo imaginar las consecuencias que esto tendría...
Después de un divertidísimo paseo muerta de frío por el pueblo, volvimos al pabellón, y allí estaban las murcianicas. Al principio pensé que no iba a ser fácil que se integraran, así que, ¿por qué no integrarlas nosotras? Y menos mal que fue eso lo que hicimos, porque de no ser así, nos habríamos perdido el conocer a unas chicas increíbles.
Llegó la hora de la cena, un poco de sufrimiento para el cuerpo, y después la reunión para los grupos de trabajo. Sabía que iba a tener mala suerte, así que no me sorprendió ver que tanto la vegetariana como el catalán simpático que había conocido en la estación estaban en el otro grupo. Qué se le iba a hacer.

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