jueves, 24 de julio de 2014

Mis francesitas

Poco más de un año ha pasado desde que decidí cambiar de vida, para probar algo diferente, algo que me habían pintado como un infierno.
"Si te quedas, lo conseguirás. Si te vas, no podrás cumplir tus sueños", me dijeron. No me afectó, no me hizo cambiar de idea. Tenía claro que mi sitio no estaba ahí, así que no perdía nada por probar.
A día de hoy, y con un año aún por delante, que además promete ser bastante duro, puedo decir que fue la mejor decisión que podría haber tomado nunca. Es cierto que he perdido mucho, sobre todo he perdido gente. Pero cómo explicar lo que he ganado. Dos personas que sé, sin ninguna duda, pero ninguna, que van a estar ahí para siempre. Y no un siempre de estos que se dicen por decir, no. Son personas especiales, de las que das las gracias por haber tenido la suerte de cruzarte con ellas.
En diez minutos consiguen que llore de risa con cualquier tontería, y si estoy llorando, sólo necesitan tres minutos para hacerme ver que ya está, que llorar es inútil y que lo mejor que puedo hacer es salir al pasillo a hacer el estúpido un rato.
Ahora, después de casi un mes sin verlas, se me hace insoportable darme cuenta de que aún falta otro mes más. Y que cuando este pase, empezará el que probablemente sea el peor año de nuestras vidas. Pero estoy segura de que, con ellas a mi lado, también va a ser el mejor.

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